Era una hoja que desde su nacimiento había deseado contemplar el verde césped, las flores y las criaturas en el parque, tan cerca y al mismo tiempo tan lejos, pues un sucio muro de piedra vieja ocultaba a tal preciada vista.
Atada a su madre, no tenía más que aceptar que nunca podría ver aquella hermosa vista de la que sus hermanas más arriba del muro tanto hablaban.
Un día de fuerte viento, las corrientes empujaban las hojas, pero les habían enseñado a resistir puesto que de no hacerlo ya no podrían vivir sin la conexión con su madre, pero la hoja deseaba ver lo que había del otro lado así que se sacudió! se sacudió! una y otra vez intentando que el viento la llevará, pero cuando ocurrió éste no la llevo a donde anhelaba, cayó al suelo metros más lejos.
Pasados unos minutos de contemplar su error, otra corriente de viento la soplo a través de una reja y cayó a la acera, pero no podía ver más que concreto, puertas y ventanas, la preciada vista que deseaba yacía al doblar la esquina de aquel muro que, una vez más, atormentaba su existencia.
En sus últimos momentos de vida hubo esperanza, un niño, un niño cruzaba la calle y se agachó para recojer a la moribunda hoja, mientras caminaba se dirigía a doblar la esquina y su madre grito "hijo, el camino no es por ahí" a lo que él niño se asustó, abrió su mano y al dar la vuelta la hoja voló con una corriente de viento que la elevó hasta muy arriba y por fin pudo contemplar lo que tanto había querido, pero también observó a su madre y a sus hermanas, su hogar, a dónde no volvería ya que ahora reposaria en su finar.

