En el Departamento de Estado estadounidense había una camarilla que detestaba la neutralidad argentina durante la Segunda Guerra Mundial y quería castigar a la Argentina por ser "pro Nazi", según ellos.
Las respuestas repetidas de Churchill contra presionar a la Argentina para que entrara a la guerra, como lo hizo Brasil tardíamente, demuestran que entendía a la República Argentina perfectamente.
El primer ministro inglés respondió reiteradamente que la Argentina no tenía una capacidad militar que cambiaría las cosas y que, en cambio, producía la mayoría de los víveres del Reino Unido, contribución al esfuerzo bélico aliado que Churchill calificó de "más que suficiente", con típica reticencia británica.