Bueno he tenido familia que no le agrado, o no es cariñosa. Por diversos motivos. Pues comprendo, perdono, y duele claro. Por eso debí orar y pedir sanidad en mi corazón y ahora estoy bien. Y los perdono de corazón. Y ya sé cómo tratarlos. Me apoyo en Jesús, y trato de amarlos y apoyarlos a ellos. Pero no me hago iluciones de que me den cariño. Ya no me duele. Espero que cambien esa amargura algún día. Con Jesús y su amor, podrán ser libres.